Qué es la Osteopatía

Nuestra salud depende en gran medida de la buena relación entre las diferentes partes y sistemas del cuerpo y el osteópata vela para proporcionar este equilibrio. La Osteopatía considera especialmente los problemas mecánicos del cuerpo en relación al bienestar del individuo, y trabaja sobre la movilidad de las diferentes estructuras anatómicas para restaurar la función óptima de estas y del organismo en general.
 
La Osteopatía examina el individuo en su conjunto y busca siempre la causa del trastorno o de la disfunción a través de una aproximación holísitica y no sintomática. Se considera la persona como un todo tanto en su vertiente física, química y emocional donde la estructura (anatomía) y la función (fisiología) son totalmente interdependientes.
 
Entendiendo que la Salud del organismo y por lo tanto su buen funcionamiento, depende de la libertad de movimiento de las diferentes estructuras, las disfunciones que afectan a nuestro cuerpo alteran el conjunto de la biomecánica y afectan la función natural de los órganos.

 
Así mismo, la Osteopatía pone especial énfasis en favorecer una buena circulación de fluidos por todo el organismo. La disminución de esta circulación implica una disminución de la capacidad de defensa de los tejidos, proporcionando un terreno favorable a la aparición de una disfunción o a la dificultad de recuperación de un tejido. Este concepto se extiende por la circulación arterial, venosa, linfática, líquido cefalorraquídeo, sinovial y nerviosa.

 
La práctica osteopática, en su intervención sobre el esqueleto, músculo, tejido conectivo abasta disfunciones estructurales, viscerales, neurológicas, endocrinas e inmunológicas. Su objetivo será intentar restaurar el equilibrio mecánico global del individuo (homeostasis), poniéndolo de acuerdo con su entorno anatomofisiológico respetando los principios generales de la medicina.

 
Una vez identificada y tratada la lesión osteopática, el cuerpo puede desarrollar su facultad inherente de volver a un equilibrio saludable.

 
El fundador de la osteopatía fue el Dr. Andrew Tylor Still (1828-1917) médico y cirujano americano. La profundidad de sus creencias religiosas y la muerte de su mujer y dos hijos debido a una epidemia de meningitis provocaron la búsqueda de un método de curación más allá de los estrictamente médicos y conocidos en aquella época.

 
En 1874 tuvo la genial intuición que posteriormente determinaría toda su carrera y el desarrollo de la osteopatía. Observado un esqueleto tuvo la idea que una de las claves del buen funcionamiento de un órgano tenía que ser obligatoriamente que este órgano tuviera unas relaciones mecánicas equilibradas con las estructuras que lo rodeaban y estas también estuvieran en armonía entre ellas.

 
Fue entonces cuando A.T Still formuló el axioma “la estructura gobierna la función”, piedra angular de la osteopatía.

 
Estos principios llevados a la práctica resultaron muy eficaces y la reputación de Still se extendió rápidamente por EEUU. En 1892 Still fundó la American School of Osteopathy. En 1917 un alumno de Still, J.M Littlejohn vuelve a Inglaterra y funda la British School of Osteopathy y desde allí se va extendiendo por toda Europa, especialmente hacia Inglaterra y Francia.

 
La Osteopatía se ha ido desarrollando en Europa ampliando sus posibilidades de actuación y teniendo cada vez más fuerza. Cabe destacar la contribución de W.G Sutherland aplicando el modelo osteopático a las disfunciones del cráneo y la cara y poniéndolas en relación con el resto del organismo, asentando las bases de lo que se conoce hoy en día como osteopatía craneal o cráneo-sacra.

 
Actualmente en Europa la Osteopatía sólo disfruta de pleno reconocimiento en el Reino Unido donde desde el año 2000 se la reconoce definitivamente como una profesión y formación universitaria independiente. Diferentes países como Francia, Bélgica, Noruega o Irlanda están siguiendo sus propios procesos de reconocimiento.

 
En España, el colectivo de osteópatas cada vez es más grande y está básicamente formado por personas que han estudiado osteopatía a partir de las formaciones de Fisioterapia o Medicina. Se han mantenido contactos con las administraciones correspondientes para ir a favor de la regularización aunque estos no han dado aún fruto. 
 
En 1997 el Parlamento Europeo aprobó la ley de normalización de las medicinas no convencionales (entre las que se incluye la osteopatía), en la que se recomienda a todos los países miembros su regulación tal y como establece la Organización Mundial de la Salud (OMS).  

 

INDICACIONES

El dolor es el síntoma mayoritariamente tratado en la consulta de osteopatía, especialmente aquel que se manifiesta en el sistema músculo esquelético. Los problemas articulares y músculo tendinosos responden generalmente muy bien al tratamiento osteopático: dolor de espalda, dolor articular, problemas degenerativos, y/o citalgias, lesiones deportivas, desórdenes posturales...

La osteopatía es también efectiva en el tratamiento de muchos otros tipos de disfunciones, como por ejemplo alteraciones digestivas (estreñimiento, colon irritable, acidez…), dolor de cabeza, dolores menstruales, problemas durante el embarazo, enfermedades reumáticas, bruxismo o ansiedad… Todos estos son también motivos habituales de consulta al osteópata.

La atención osteopática tiene mucho que ofrecer a cualquier edad, desde la infancia hasta edades más avanzadas, y es una buena herramienta para la prevención y tratamiento de un gran número de trastornos, contribuyendo así a mejorar nuestra calidad de vida.

La historia clínica del paciente se analiza con detenimiento antes de iniciar el tratamiento osteopático y después de la exploración física, en la que el osteópata busca la causa o causas del trastorno tanto en el área sintomática como en el resto del cuerpo, se determina el tipo de problema y se establece un plan de tratamiento.

La posibilidad de técnicas utilizadas en osteopatía es muy amplio y comprende desde ajustamientos articulares muy precisos seguros y efectivos, a técnicas específicas para tratar los problemas viscerales. La suavidad de las técnicas craneales es adecuado para el tratamiento de niños y neonatos, así como para realizar un trabajo específico del cráneo y de la cara. La elección de la técnica más adecuada dependerá del paciente y la naturaleza de su problema.  

Algunos ejemplos de enfermedades con las que trabajamos:

  • Problemas articulares, artrosis, artritis.

  • Esguinces, tendinitis, neuritis.

  • Hernia de disco, ciática, cervico-braquialgias.

  • Escoliosis, lordosis, cifosis.

  • Dolor de cabeza, migrañas, insomnio.

  • Mareos, vértigos, zumbidos.

  • Problema temporo-mandibular y de ortodoncia.

  • Bruxismo, neuralgia del trigémino.

  • Sinusitis, otitis, rinitis, alergias.

  • Problemas digestivos, gastritis, estreñimiento.

  • Palpitaciones, hipertensión.

  • Alteraciones respiratorias, asma, bronquitis.

  • Trastornos circulatorios, varices, flebitis.

  • Problemas ginecológicos, post-parto.

  • Alteraciones urinarias, incontinencias.

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